Sin permitirme pensar mas en lo que ella demostraba me dejé bañar en la luz que radiaba su estar en aquel mar de bullicioso gentío. Su olor, su piel, su estampa quieta, atenta, divagante; a ratos mostraba alegría y a otros malancólica, dejaba que mi ser le relagase algo de comprensión, y nos sentimos mejor.